Vivimos en una época extraña. Pedimos un auto y aparece en minutos. Si tenemos antojo de comer algo, tomamos el celular y ya está. Compramos algo y esperamos que llegue mañana. Publicamos una foto y revisamos cuántos "me gusta" tiene antes de que termine el día.
Nos acostumbramos a que todo ocurra rápido. Tan rápido, que cuando algo tarda, pensamos que hicimos algo mal. Y ahí aparece el famoso síndrome del impostor: "No soy bueno para esto", "¿Por qué a ellos sí les funciona y a mí no?", "¿Qué estoy haciendo mal?". Sin darnos cuenta, estamos olvidando algo fundamental: el proceso.
Un emprendimiento no despega en una semana. Una marca no se construye en un mes. Una comunidad no aparece porque publicaste tres veces en redes sociales y una campaña de marketing no fracasa porque no vendió durante sus primeros días. Simplemente está en proceso.
Pero el proceso se ha vuelto impopular. Nos hacen creer que debemos ver resultados sin transitar el camino. Queremos la cosecha sin sembrar, la experiencia sin acumular errores y el éxito sin atravesar la incertidumbre.
Y en algo mucho más doméstico también nos pasa. Nos acostumbramos a tener tomates y frutillas durante todo el año y olvidamos los ciclos. Olvidamos que las cosas tienen temporadas, que no siempre vamos a estar en la cresta de la ola y que incluso la naturaleza necesita tiempo.
Cuando los resultados no llegan de inmediato aparece una sensación peligrosa: creer que somos nosotros quienes estamos fallando. ¿Cuántas veces hemos visto la misma historia? Alguien abre un negocio, lanza una página web, crea una cuenta de Instagram, invierte tiempo, energía y dinero. Dos semanas después se pregunta: ¿Será que esto no sirve? ¿Por qué no tengo 10.000 seguidores...? ¿Por qué mi contenido no se hizo viral?
Y la verdad es que la viralización de un contenido no siempre es resultado de mucho o poco esfuerzo. De hecho, este texto me tomó horas...semanas de darle vueltas. Más de una vez pensé: "¿Será muy pretencioso escribir esto?". Pero esta vez preferí no quedarme con la duda y simplemente disfrutar el proceso.
Porque si tu contenido no es viral, no significa que seas una mala persona. Si tu negocio está pasando por un momento difícil, no significa que sea un mal negocio. El éxito es algo curioso y bastante fugaz. Muchas veces, cuando llegamos a la cima de una montaña, lo único que aparece son ganas de escalar la siguiente.
También olvidamos algo importante: vivimos en una economía, en una sociedad y en un mundo que no controlamos completamente. Hay crisis, cambios de hábitos, competencia y factores externos. Nosotros no somos responsables del cierre del Estrecho de Ormuz, de una crisis internacional o de los movimientos de los mercados. ¿Nos afectan? Claro que sí. ¿Nos dan miedo? Siempre. Hoy, en muchas conversaciones, se respira ansiedad. Se siente incertidumbre. Vivimos sobrepensando escenarios y creyendo que podemos controlarlo todo.
Y si tú estás atravesando una crisis importante, quiero decirte algo: no sientas que los números rojos o las semanas difíciles son cien por ciento responsabilidad tuya. Hazte cargo de lo que puedes mejorar, pero no cargues con el peso del mundo sobre tus hombros.
¿Y qué tiene que ver la tecnología con todo esto?
Mucho. Todos los días aparecen nuevas herramientas, nuevas plataformas y nuevas inteligencias artificiales. Hoy tenemos la posibilidad de construir proyectos que hace diez años parecían imposibles.
Pero también nos hemos acostumbrado a una expectativa peligrosa: creer que todo debe ocurrir a la velocidad de una aplicación.
La realidad sigue funcionando de otra manera.
Las relaciones toman tiempo.
La confianza toma tiempo.
El prestigio toma tiempo.
El aprendizaje toma tiempo.
Y este mensaje va para todos quienes emprenden, trabajan, crean, inventan negocios o sueñan con implementar una idea. Hagamos comunidad. Apoyemos al amigo emprendedor. Consumamos local. Pidamos ayuda cuando la necesitemos.
Y cultivemos quizás la habilidad más valiosa de todas: esperar.
Tolerar la espera.
Disfrutar el proceso.
Entender que avanzar lento sigue siendo avanzar.
Porque muchas veces el éxito que buscamos no aparece cuando aceleramos.
El éxito no consiste en llegar primero.
Es la tranquila recompensa que llega cuando perseveraste lo suficiente para disfrutar cada paso del proceso.
Sin Pretensiones
La Dopamina de lo inmediato
Nos acostumbramos tanto a la inmediatez que cuando algo tarda, pensamos que estamos fallando. Vivimos en una Época donde todo parece ocurrir al instante y eso nos está cansando a todos....
Por Ramón Martínez · 17/08/2026
